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Tango - Eduardo Rovira - Que lo paren

6 de mayo de 2010

Eduardo Rovira era un tipo serio, muy serio dentro del ambiente del tango. Cuando digo serio, hablo de un hombre comprometido con lo que hacía, al punto de abandonar muchas cosas para terminar un trabajo.

Su tenacidad, sin embargo, no alcanzó para hacer girar las cabezas de las grabadoras y de colegas para reconocerle la calidad como compositor. De todas maneras, las disculpas para las grabadoras es mucho más fácil de conseguir, pues creo que Eduardo, no sería negocio.
Esto me lo decía Héctor Ernié, antes de irme del país.
Ahora, los colegas… Nunca se dieron cuenta el talento que había en ese bandoneonísta?
Querido alemán, yo pude verlo dos o tres veces tocando. La primera vez, con un trío y la segunda, con un quinteto. En el primer caso, utilizó una guitarra de base, que no se destacaba, si no, que era un instrumento dispuesto para acompañar. Los arreglos estaban hechos para lucimiento del bandoneón y el contrabajo. Bueno, ni hablar lo que fue con el quinteto, un espectáculo. No podía creer, que un músico de esa calidad estuviera tan desperdiciado en el país.
Antes de volver a España, fuimos a verlo con Alterio, Puccio (el pianista que te presente) y mi esposa,
cuando se enteró que estábamos nosotros, mandó a buscar un disco que firmó y me regaló. No pude volver a verlo tocar, después supe que había muerto y que su hija –creo- es la que sigue una lucha sin cuartel, para que se reconozca definitivamente, no solo el talento de su padre, si no, que se respete su obra….
Este párrafo que antecede, es un intercambio de opiniones y mensajes con Eduardo Soria, el locutor y Periodista que durante muchos años, hizo espectáculos de tango y oficio de intermediario, entre los artistas argentinos y los países europeos.
Rovira, fue un caso –como muchos- especial y factible de destacar, con un serio reconocimiento que deje definitivamente en el lugar que se merece. Se que es difícil y que desde este blog, no conseguiremos otra cosa que ser uno más en las cadenas de lamentos por las injusticias.
Sin embargo, debemos alguna vez conseguir una cadena de firmas, solicitudes y exigencias, que permita que aunque tardío y con la presión de la gente, ciertos artistas tengan su reconocimiento. No solo con una placa o su nombre impuesto a una calle, sala de estudio o tea
tro. Creo firmemente, que una personalidad como la de Eduardo Rovira, debería hacérsele como reconocimiento, una recopilación de sus temas en dos o tres álbumes, editar una reseña seria de su obra, acompañarla de un análisis técnico y reivindicarlo ante un público que se negó a reconocerlo; y que cada uno de aquellos que lo admirábamos, tengamos con mejor sonido y calidad, música que se grabara con demasiados esfuerzos y pocos equipos.





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