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Folklore - Flor y Alma del Litoral - Varios Artistas

8 de agosto de 2010


Y usted dirá, con razón y buen tino: Pa´ que se mete en estos andurriales, como si fuera un gran sabedor?
Pero la música del litoral es un imán irremediable en mi vida como escuchador.
Pero mi afinidad, tiene mucho que
ver con aquellos gestos contestatarios de los estibadores, trabajadores de campo y jornaleros del viejo Colón en la provincia de Buenos Aires, en el que me crié y di mis primeros pasos con una guitarra.
En aquel entonces, la música del litoral, servía como argumento para molestar a los culos sucios que por que escuchaban a Juan Ramón o Percy Faith, porque tomaban ginebra Llave y capuchinos, creían que se habían ganado el cielo y la consider
ación de los Morgan, dueño de una gran estancia y explotador de cuanto jornalero pasara por su tierra.
Entonces, en las desfloradas, en el momento del descanso, se escuchaba una guitarra y seguro un Chamamé.
Y al capataz, más Morganista que Morgan, decía que eso era cosa de negros y borrachos.Y un día, un maravilloso día, apareció un tal Aparicio dueño y señor de cada reunión familiar o peña, buen acordeonista y mejor tomador de caña Piragua.
Y desde entonces, viendo como incomodaba la alegría y felicidad de mi gente, me hice chamamecero de alma y por admiración.
Yo, ví como Aparicio tocaba aquel a
cordeón como si abrazara a su querida Santa Helena, como hacía que se cantaran penas y alegrías con el mismo ritmo para bailar. Porque ese ritmo, admitía saudades y la alegrías, según le tocara el ensillado al que asistiera al lugar en el que la de dos hileras hacía las delicias.
Por eso cuando escucho un chamamé, me acuerdo de mi niñez y de las riendas que me ayudaban a llevar un petizo viejo que arrastraba un carrito con una bordalesa con agua, pa
ra los que estaban con cuarenta grados de calor, en medio de los surcos haciendo la desflorada de aquel maíz que enriqueció a los Morgan y entecó a muchos hombres y mujeres que dieron su gota de sudor e infelicidad, para que otro los explotara.
El chamamé nos divertía, nos daba contra el suelo con los recuerdos y distancias, pero incomodaban al patr
ón. Porque siempre la felicidad del peón, incomoda al patrón.
Entiende ahora, por qué tanto amor a esa música?


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