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Testimoniales - Rosita Quintana - Voces de México

27 de mayo de 2010




















Cantante, actriz y poetisa, apodada: La Dama de América
Nació en el barrio de Saavedra en la ciudad de Buen
os Aires, el 16 de julio de 1925. Su verdadero nombre es Trinidad Rosa Quintana, aunque en muchas partes del mundo le agregaron el apellido de su primer esposo, Kogan (Sergio).
A los 15 años debutó en la orquesta de los hermanos Alberto y José De Caro, junto al cantor Félix Gutiérrez, pasando luego con el sexteto de Mario Azzerboni, actuando exitosamente una temporada, en el histórico Café Nacional de la calle Corrientes.
A mediados de la década del cuarenta pasó a actuar como solista, con el acompañamiento del conjunto de guitarras de José Canet, con el que viajó a Chile, compartiendo espectáculos y radio con la orquesta del bandoneonista Gabriel Clausi, “El Chula”, que estaba radicado allí y también, con la del maestro trasandino Porfirio Díaz.
Durante esa visita fue contratada para actuar un mes en Mé
xico, en el renombrado local de la capital azteca,"El Patio". Su talento y belleza deslumbraron al público y a los empresarios que la requirieron para diversos espectáculos de teatro y también para el cine. A causa de ello, Rosita decide radicarse en el Distrito Federal. Por esta razón se desvinculó de José Canet con quien mantenía además, una relación sentimental.
Una vez aclimatada a su nueva circunstancia, inició un fuerte romance con el director y productor cinematográfico, el mexicano Sergio Kogan, con quien contrajo matrimonio y tuvo dos hijos Sergio Nicolás y Paloma. Mientras tanto su vida artística continuaba creciendo.
Sus actuaciones eran presenciadas por importantes figuras del nivel de Agustín Lara, del joven y consagrado escritor Mario Vargas Llosa —quien la llamaría “La Dama de América”— y de un nutrido grupo de admiradores. En su repertorio como cantante no hacía únicamente tango, también agregaba temas mexicanos e internacionales.
En México actuó en diecinueve películas, las dos primeras de 1948: “Ahí vienen los Mendoza” y “Calabacitas tiernas”; la última en 2005, “Club Eutanasia”. Pero la más recordada fue sin duda, “Susana, carne y demonio”, dirigida por Luis Buñuel en 1950.
Los fanáticos mexicanos, siempre destacan la calidad melodram
ática que tenía La Dama de América, para expresar los sentimientos de las canciones mexicanas. Se le atribuyó un muy buen gusto en la elección de los repertorios y un ángel especial para llegar al público.
Sus discos y películas recorrieron el mundo, tal lo atestigua una reproducción que adjuntamos, de los carteles de anuncios.













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