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Folklore - Armando Tejada Gómez

29 de enero de 2010

Nuestro común amigo, Damian Toñanez, que nos está inundando de música cuyana, nos hace portador de éste disco homenaje a Armando Tejada Gómez, tardío y con destacados intérpretes.

Digo tardío, porque el Duende Huarpe, debió tener inmediatamente a su desaparición: Muchas horas de homenaje, reconocimiento y actos que recuperaran su memoria, poesía y don de gente.
Ya hemos contado anécdotas vividas con el genial mendocino, odiaba la denigración de MENDUCO, porque aseguraba que decirle manduco a un mendocino, era como decirle PARAGUA a un Paraguayo. Solo se hacía para denigrar.
Pero, quiero dejarles algo que me han contado en muchos lugares cada vez que en la charla apareció el nombre del Duende Huarpe.
Tejada, era un tipo muy común. Muy culto, pero también dispuesto a disfrutar la vida como se diere, no como se planeara. Muchas veces, esa debilidad, le trajo problemas.
Pero en otras, ayudó mucho cuando las cosas no iban bien.
Y eso pasó muchas veces e
n su carrera de declamador. Muchas veces hubo de irse de algunos lugares con menos plata de la que le habían prometido. No soportaba que los que las entidades que lo llevaban, perdieran plata. Muchas veces sin ser su culpa.
Sin embargo, era así. Nunca supe de algún altercado por plata o por temas de pagos de cachet.
“Yo me puedo pelear porque me agarraron el mejor trozo de asado o me tomaron el vino, pero no por plata. La plata va y viene, un asado o un vino, se pierde y no se recupera”, decía riéndose como si fuera un chico.

Alemán56

















Un príncipe huarpe *
(Anécdota contada por Hamlet Lima Quintana)

Armando me llamó una tarde a casa. Me pidió que lo acompañara a una fiesta que lo habían invitado, fiesta que se realizaba en una casa del barrio Palermo Chico.
–Armando, allí vive la alta burguesía, ¿qué vas a hacer allí? Te han invitado como mono de circo. Quieren ver al chimpancé que dice poemas.
–Ya lo sé. Pero quiero ver qué es eso.
Se trataba realmente de una mansión señorial. De inmediato pasamos a integrar un cerrado círculo en el que estaba el dueño de casa con sus amigos. Cada uno, nosotros también, con su vaso de whisky importado en la mano. La conversación, y creo no exagerar en lo más mínimo, era de este corte:
–Recordarás que tía fulana se casó con fulanito de tal, por lo cual estamos emparentados con el general mengano, héroe de la conquista.
Toda la conversación sobre ese tema y con ese tono. De pronto el dueño de casa se percató de nuestra presencia y nos dijo: “Ay, perdónenme. No me di cuenta de que estaban ustedes, y nosotros hemos estado conversando sobre nuestra prosapia. Les pido perdón porque comprendo que ustedes no saben de estas cosas”. En una de esas salidas clásicas que tenía Armando, respondió: “Está equivocado, señor. Nosotros sabemos y comprendemos acerca de estas cosas.”
–¿Cómo es eso? –preguntó el hombre.
–Hamlet, ¿tu bisabuela materna no procede de la tribu de Coliqueo?
–Sí.
–Es mapuche entonces. Y fíjese, que yo procedo de Huarpes. Mire si comprenderemos. Nosotros somos príncipes. ¿Nos vamos, Hamlet?


Los temas

Zamba del nuevo día / Teoría de los buenos deseos
Zamba de la distancia
Canción para un niño en la calle
Zamba del laurel
Trovador del rocío
El mundo es un pañuelo
Ritual de la luz
Resurrección de la alegría
La mujer de la albahaca
Allá lejos y hace tiempo
Trapitos al sol
Tonada del angelito
Elogio del viento
Soneto y medio


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